Noche de las LumbresFiesta agrícola celebrada en torno a la víspera de la Natividad de la Virgen y la noche siguiente (7 y 8 de septiembre) y fundamentada en la esperanza de la vida que viene de la madre tierra para el agricultor.

En el pueblo, los niños que por cualquier circunstancia no estaban en el campo recogían durante todo el día trastos viejos que sus propietarios no querían y los iban amontonando en la plaza.

Igual se hacía en el campo, en un determinado lugar separado de todo peligro se amontonaban los utensilios combustibles que eran inservibles ya, rotos durante todo el año anterior. Si lo acopiado parecía poco, alguna gavilla de sarmientos, de las más antiguas, servirían para avivar el fuego llegado el caso.

A la noche, tras la cena, el campo se encendía de inmensas luces y el toque de la caracola, los tiros y los cohetes llenaban de alargados estruendos los barrancos que en esta ocasión sonaban a fiesta.

Y la plaza se vestía del color de los atardeceres de otoño y de invierno que encienden de amarillo rojizo el cielo. Todos los habitantes que quedaban en el pueblo se reunían alrededor del fuego; los más afortunados lograban ver en medio de las llamas la figura, o el rostro de la virgen; y luego, en el campo y en el pueblo surgían espontáneamente el cante y el baile alimentados de tostados y regados de aguardiente y brandy.