Un devastador terremoto acaecido el 9 de octubre de 1.680 en Málaga tuvo una especial repercusión en Cómpeta llegando a alcanzar una intensidad VIII y causando graves daños como describe un cronista de la época: "En Cómpeta, seis leguas de Málaga, cayeron las mas casas; y en la Iglesia sólo se reservó el Arca del Santísimo Sacramento, y una Milagrosa Escultura de Cristo Crucificado. La Torre se sustenta en poquísimos ladrillos; y una Campana grande que ay en ella se abrió por muchas partes"; por este documento sabemos que según un censo de 1.594 Cómpeta tenía 123 casas, sin embargo no se sabe con certeza cuántas fueron dañadas.

Lo anterior junto a los sucesivos impuestos con que las autoridades locales gravaban a los repobladores propició que en 1.750 las tierras no perteneciesen a sus propietarios originales. La Hacienda Pública tomó cartas en el asunto y ese mismo año hubo un nuevo reparto entre 180 vecinos a los que se entregó una escritura de la tierra donde constaba el impuesto que cada uno tenía que pagar anulando los demás gravámenes.

Desde estas fechas y en los ciento veinticinco años siguientes Cómpeta comenzó a disfrutar de un auge económico que multiplicó casi por tres la tierra cultivable y por cinco el número de habitantes como podemos observar en los cuadros de La Línea de la Historia; auge propiciado por la seguridad en la posesión de la tierra y la fijación de unos impuestos razonables. En ese tiempo se definió el cultivo que iba a monopolizar los trabajos agrícolas y que daría fama definitivamente a la localidad, dedicándose el 96% de la tierra cultivable, casi mil setecientas hectáreas, al cultivo de la vid para la producción de pasas y de vino moscatel.

Las zonas menos propicias para la vid se dedicaban al olivo para la fabricación de aceite para el consumo familiar, higos y cereales para el alimento propio y del ganado y una mínima extensión suficiente para la huerta familiar.

No quiere esto decir que cada habitante poseía su porción de tierra. El auge económico trajo consigo un aumento vertiginoso de la población debido a la inmigración para cubrir la oferta de mano de obra en la agricultura. Estos jornaleros eran mayoría y por lo general no poseían tierras de secano, ni de regadío (bancales) viviendo del salario que les producía un jornal que siempre era de sol a sol.

Con el paso de los años, a veces tras varias generaciones, y viviendo sacrificadamente, algunos podían ir adquiriendo una pequeña posesión, una casa en el pueblo, una parcela de manchón para poner una viña, un bancal...

El censo de población de 1.883 registra a 3.762 habitantes; el número más elevado hasta la fecha. En este año ya se notaba la caída del comercio de la pasa debido a la competencia que ejercía la producida en California y que comenzó en 1.877, año que marca el inicio de una década desafortunada para Cómpeta, y el principio de su declive económico y agrícola.

La noche de navidad de 1.884 fue recordada por todos los que la vivieron durante el resto de sus vidas: un nuevo terremoto, doscientos cuatro años después, destruyó parte del pueblo y la torre de la iglesia.

En el verano de 1.885 una epidemia de cólera diezmó la población muriendo alrededor de 350 personas. Según cuentan nuestros abuelos, no había casa ni día de ese verano sin un duelo o más, siendo los más desfavorecidos los niños y ancianos que morían deshidratados.

El trágico decenio se cierra el año 1.887: la filoxera acabó con la mayoría de las cepas arruinando a los agricultores. De ser un pueblo empleador de mano de obra, pasó en pocos años a ser demandador; la miseria y el hambre hizo que numerosas familias buscasen sustento a través de la emigración yéndose a América, sobre todo Argentina que iniciaba su despertar económico y demandaba numerosa mano de obra prometiendo pan y prosperidad. La emigración española llegó a Argentina, sobre todo, en el periodo 1.850-1.950.