Generalmente, en estas fechas, la mayoría de los competeños se encontraban en el campo en la recolección de las aceitunas. No obstante unos días antes acudían al pueblo a adornar las tumbas de los seres queridos, y el mismo día acudían al cementerio a rezar por ellos.

Pero en torno a estos días se desarrollaba un ritual alrededor de la chimenea durante las largas y frías noches, no obstante el cansancio del trabajo en el campo. Los agricultores vecinos se solían visitar después de la cena y se reunían alrededor del fuego encendido en la chimenea.

Durante esas noches las castañas asadas servían de condimento a las historias de magia y misterio que los mayores desgranaban una tras otra; y cada uno siempre buscaba que la suya fuese más misteriosa y mágica que la anterior.